Paraíso Travel: el sueño, la aventura, la desgracia, y el aprendizaje

(en otras palabras, la vida)





“-Me voy lejos, padre; por eso vengo a darle aviso

-¿Y pa ónde te vas, si se puede saber?
-Me voy pal Norte
(…)
-Y ¿qué diablos vas a hacer al Norte?
-Pos a ganar dinero”

Juan Rulfo, Paso del Norte


Una pareja de jóvenes planea viajar a Estados Unidos a través de El Hueco, con el fin de obtener el dinero necesario para realizar una vida juntos. Marlon Cruz, tan ingenuo como prudente, tiene serias dudas sobre la conveniencia de hacer un viaje en esa forma; sin embargo, su amor por Reina lo llevará a aceptar éste y otros tantos desafíos que se les aparecerán. Guiados los dos por el sueño americano (aunque Marlon más por el de estar con su Reina), se encuentran con Paraíso Travel, una agencia de viajes que por una considerable suma de dinero promete llevarlos –sin mayor problema- al país soñado.

Luego bastantes inconvenientes, ambos llegan a un inquilinato de mala muerte. Pronto, la ansiedad llevará a Marlon (cuyo apellido comprenderemos a lo largo del filme) a fumarse un cigarrillo, y cometer el error de tirar la colilla al suelo; inmediatamente después, cuando unos policías le reclaman la imprudencia, Marlon huye convencido de que lo persiguen por su condición de ilegal.

El escape lo llevará lejos de los policías. Y de su novia. Ahora la dificultad es doble: sobrevivir, y volver a saber de Reina, a quien se le hará difícil encontrar porque, recién llegado como está, no conoce el lugar en el cual ahora se halla. Desde ese momento, su búsqueda de Reina lo llevará a un viaje personal cuyo tránsito le ayudará a reconocerse a sí mismo.

Paraíso Travel, la agencia de viajes, es verdadera fuente de engaños que promete la realización de los sueños de quienes, como él, confían ingenuamente; Paraíso Travel, la película dirigida por Simon Brand, también es una promesa (aunque una promesa sana) de nuevos horizontes en la narrativa visual y literaria de Colombia y de Latinoamérica. En medio de ambas surge material para pensar nuevamente una historia eterna: esta vez se trata de Marlon; pero la suya es una más dentro del caudal de historias que ofrece la inmigración como fenómeno social.

Lograr un filme honesto, impecable en imagen y sonido, es el mérito de un realizador como Brand, a quien se le reconocen los buenos oficios de director de cine. En éste, su segundo largometraje, muestra un talento especial para obtener imágenes poéticas de una ciudad compleja como New York, la cual re-descubrirá el espectador a través de las vivencias de Marlon. Formado en el mundo del video-clip, el estilo narrativo de Brand captura de ese género una sensibilidad especial para hacer que la música sugiera estados de ánimos en el público; estados de ánimo decisivos en la vinculación emotiva del espectador con la historia.

Así, poco a poco, la película explora una ciudad en la que cabe el mundo, mientras es recorrida por una persona a la que el mundo se le vino encima. Marlon, este colombiano que dejó su hogar para seguir un amor ahora esquivo, ha perdido su nombre, y sus certidumbres. Ahora deberá apropiarse de esa ciudad parecida a un monstruo devorador: se ha tragado a su amor, su identidad y su integridad.

En su planteamiento y en su estilo, Paraíso Travel sigue en la línea de una nueva narrativa colombiana, en la que el país empieza a dialogar con el mundo de otra manera. No es ya el cine y la novela costumbrista que habla de lo que sucede internamente en las regiones del país, sino historias en las cuales se muestra la manera como nuestros códigos empiezan a interactuar de muchas maneras con el mundo. En ese sentido, Paraíso es también un acto de justicia, porque es una película hecha por nosotros mismos, que aparece luego de que muchos otros productores extranjeros hubieran aprovechado nuestros paisajes, nuestros personajes y nuestros argumentos, para mostrar una cara nuestra; rostro que si bien no podemos ocultar, no se podemos entender como único.

Además de eso, el tema de la inmigración y el motivo del viajero aparecen para confirmar que si por algo los seres humanos nos contamos historias, es porque sentimos la necesidad de dar cuenta de nuestro devenir, es decir, la manera como no apropiamos del mundo. El viaje, como fenómeno social, surge, ante todo, de la vivencia individual. Sin esos viajeros salidos de sus tierras dispuestos a explorar el mundo y asombrarse ante él, poco sabríamos de otras culturas. Y de nosotros mismos. Por eso hay un atractivo especial en las fronteras. En ellas las condiciones plenas de espacio y tiempo quedan en suspenso. Por eso también el cruzar la frontera es el momento oficial donde el viaje comienza en sus más profundos matices. Para Marlon, el cruce de la frontera implica el encuentro con una serie de personajes más terribles de lo que le habían advertido en la agencia: policías, agentes de viaje, coyotes, y toda una fauna de seres hostiles, expertos en generar miedo y pedir dinero.

Con todo, el viaje, la llegada a la ciudad, y la búsqueda de un nuevo destino, traerá oportunidades para que el protagonista retome conciencia de sí y de su entorno. ¿Paradójico? Tal vez no tanto: el estar fuera de su ambiente le permite al viajero ganar reconocimiento de todo lo influyente que ha sido su cultura en él. Por eso ahora -ilegal, extranjero- podrá reconocer con mayor facilidad quién es.




Abril 14 de 2008