Ensayos y Errores

Imágenes preliminares para descubrir de qué hablamos cuando hablamos de un
ensayo en la universidad
Versión 1.0


Por
Carlos Andrés Arango

Larga es la historia de preguntas sobre qué es y cómo debe elaborarse un ensayo. Dicho historial es particularmente importante en la academia pues dada su misión como difusora y constructora de conocimiento el género del ensayo es uno de los que más se acomodan a su propósito. Sin embargo, es importante precisar varios asuntos antes de indicar cuáles son las partes que componen un ensayo. Para empezar, se hace imprescindible decir que el ensayo es lo que se podría denominar un género mayor, es decir, uno al que se llega luego de haber logrado vastas experiencias con un tema; y aquí “experiencias” incluye lo visto, lo vivido, lo leído y, desde luego, lo escrito. También es justo señalar que un ensayo siempre se hace a partir de algo, bien sea una película, un libro, una situación o un problema social determinado, y sobre todo, que el soporte no es sólo el papel: muchas veces vemos documentales, intervenciones artísticas, largometrajes, manifestaciones orales o pictóricas que se constituyen como ensayos en la medida que asumen una posición argumentada frente a algo. Y esto último es, justamente, lo que marca la frontera entre el ensayo y cualquier otro género discursivo: hablamos entonces de ensayo cuando en el texto (en el sentido amplio de esta palabra) se puede evidenciar una visión explícita y argumentada frente a algún tema.

En esa medida, si bien hay muchas maneras de asumir dicha posición, de ensayar, para efectos de la dinámica universitaria es ampliamente recomendable proponer una estructura básica para el ensayo. Así las cosas, habría por lo menos tres momentos clave en la configuración del propósito de ensayar: Tesis, Desarrollo y Conclusión; en otras palabras, una ubicación de lo que se va a hablar y una referencia muy precisa de qué punto de vista se asume frente a eso, luego la demostración de por qué se piensa lo que se piensa, y finalmente una conclusión donde se sintetice lo dicho. En Periodismo hay una aforismo que sirve para expresar esto mismo con otras palabras: primero anuncie al lector qué le va a decir (tesis); segundo dígaselo (desarrollo); tercero, recuérdeselo (conclusión o cierre). Llegados a este punto es preciso explicar brevemente en qué consiste cada parte.

En primer lugar, la Tesis es un enunciado breve y contundente que define la posición del autor frente a la materia de la que habla el escrito. Para efectos didácticos, conviene que la tesis esté al inicio; esto porque al estudiante se le facilita mucho más saber de qué está hablando. Ello no obsta para que grandes escritores hayan logrado ensayos imprescindibles con tesis implícitas. Pero si bien a los estudiantes les incomoda la indicación de la tesis al principio, en realidad esto les facilita a ellos la escritura, y al docente la revisión del texto.

En un sentido general, hay varios tipos de tesis. Uno de los más recurrentes en el ensayo universitario es el de la manifestación de acuerdo o desacuerdo total o parcial frente a algunas de las tesis, hipótesis o argumentos del libro o documento sobre el que se basa el ensayo: "Las ideas expresadas por Riso en Amar o Depender son plenamente coherentes con las perspectivas actuales de la psicología cognitiva. En este ensayo nos proponemos demostrar por qué”. En el mismo caso, la tesis podría afirmar lo contrario, es decir, que según la perspectiva asumida en el ensayo, “Las ideas expresadas por Riso en Amar o Depender son plenamente incoherentes con las perspectivas actuales…”. Debe notarse que, en ambos casos, la tesis tiene las siguientes características: breve, contundente, afirmativa, propositiva, y, ojalá, polémica. También es importante aclarar que en la valoración del trabajo del estudiante no debe importar tanto la tesis como el desarrollo – argumentación de la misma. Tema complicado: un ensayo es personal, invita a la opinión; pero en un sentido riguroso, la opinión no puede calificarse. En el ejemplo citado, no se trata tanto de si el docente está de acuerdo o no con que las ideas de Riso sean o no sean coherentes con la psicología cognitiva, pues ello llevaría a otra discusión; más bien lo que interesa es el talento del estudiante para defender una u otra postura.

Otro tipo de tesis puede ser la condicional. En ella, el estudiante afirma su acuerdo con algún planteamiento del libro, pero bajo determinadas condiciones, que a su parecer, deben quedar claras. Esa tesis podría formularse así: “Las ideas expresadas por Riso son válidas si y sólo si se tienen en cuenta los nuevos postulados del Congreso de Psicología Conductual realizado en Cartagena el año pasado según los cuales…”. Aquí el autor matiza su adherencia a determinados puntos de vista. Tesis como la anterior guardan un espíritu crítico, al igual que en las tesis de analogía o comparación, en la cual el autor del ensayo propone nuevas interpretaciones de las ideas del autor de base a partir de realizar intertextos con otros autores: “Las ideas expresadas por Riso son necesarias en el actual estado de la psicología cognitiva y se asemejan bastante a lo que en otros ámbitos de la psicología han realizado autores provenientes de otras corrientes”.

Dado que lo importante de la tesis es manifestar explícitamente el punto de vista de quien escribe, es imprescindible retomar algo del contexto antes de formularla; o sea, decir de qué película, libro, tema, autor, investigación, caso… se está hablando. Así, se permite la ubicación del lector en el entorno temático y temporal del ensayo y del ensayista.

Seguramente hay muchos tipos de tesis, pero lo más importante es que quien elabora el ensayo sea consciente de que luego de haberla explicitado sigue la tarea de argumentarla, desarrollarla y/o defenderla. Veamos.

La segunda parte del ensayo es el Desarrollo. En él, el autor tiene la tarea de defender la tesis a través de construcciones retóricas que se denominan argumentos. Un argumento es una razón que explica una proposición. Si alguien propusiera (tesis) que debe acabarse con la división de zonas para fumadores, es decir, que cualquier persona pudiese fumar en cualquier parte a cualquier hora, lo mínimo que podría hacer es argumentar por qué considera necesaria esta medida. Quienes sostengan la idea contraria, es decir, continuar con la separación de zonas para fumadores y no fumadores, también deberán esbozar sus argumentos. Por lo anterior, el ejercicio del debate pasa por el de la argumentación; de ahí que el ensayo, de un altísimo nivel argumentativo, sea el género preferido en los círculos académicos, pues exige la racionalización de las ideas propuestas.

Existen muchos tipos de argumentos, pero tres de ellos son los más adecuados a los propósitos de la escritura universitaria. En primer lugar, el argumento de autoridad; en él, se citan a autores reconocidos en la materia para ayudar a defender la tesis. Un argumento de autoridad de alguna manera facilita trabajo, pues basta con citar una buena fuente; pero exige cuidado pues muchas veces las citas traídas del autor no están suficientemente relacionadas con la tesis. Por eso debe recordarse que la tarea de cada argumento es defender la tesis, la proposición central. Siguiendo el ejemplo, si se escribiera “Las ideas manifestadas por Riso en Amar o Depender son coherentes con la psicología cognitiva porque según Zuleta `cada día la psicología gana más fuerza en el entorno organizacional`” habría una inconsistencia entre la primera y la segunda afirmación. Puede que la cita sea verdad, pero no explica la tesis. La clave para entender que algo es un argumento es el conector “porque”; si entre la tesis y el argumento cabe dicho conector, y sobre todo, si lo segundo explica, sustenta, defiende lo primero, se puede hablar de un proceso de argumentación eficaz. Los argumentos de autoridad se “caen” fácilmente por errores como inconsistencia o ausencia total de fuentes referenciales, por la poca actualidad del autor citado, o por inconsistencia entre la tesis formulada y la postura epistemológica e ideológica del autor citado.

Otro tipo de argumentos es el de ejemplo, el cual explica la tesis a partir de un ejemplo real con el cual se pretende dar validez a lo propuesto. El objetivo de este tipo de argumentos es mostrar la manera como la teoría es vista en la realidad. Así la tesis que hemos tomado como ejemplo podría sustentarse con cifras, estudios, o casos documentados donde pudieran verificarse las condiciones de posibilidad de la tesis: “Las ideas propuestas por Riso son válidas para la psicología cognitiva porque cada vez se evidencia que el apego es una de las problemáticas que más inquietan a los pacientes en el proceso de consulta psicológica. Un estudio reciente de la Academia Colombiana de Psicología así lo demuestra…”. Este tipo de argumentos puede fallar por la falta de precisión en el origen de los datos, así como en la falta de acomodación entre estos y la tesis.

Finalmente, hay argumentos de analogía o silogismo. Si bien desde el punto de vista de la lógica y la retórica se trata de argumentos diferentes, en ambos subyace una mismo propósito: encontrar en otros campos distintos al tratado, o en otras zonas geográficas, o incluso en otras épocas, aspectos del asunto analizado que si bien presentan diferencias con el tema que es materia del ensayo, contienen aspectos que pueden servir para comprenderlo mejor. En una tesis como “Las interacciones con los compañeros de trabajo son decisivas no tanto porque afecten la forma como la información fluye, sino porque se convierten en plataformas de consolidación de comunidades de sentido que permiten o impiden la proyección psicológica del individuo”, bien podría utilizarse un argumento como “Y ello se puede verificar en la manera como los indicadores de productividad se alteran al cambiar dichas condiciones. Un estudio de la OIT mostró que en 1970 una gran cantidad de trabajadores encontraban en la hostilidad de las relaciones con sus compañeros uno de los factores dificultadores de su rendimiento. Para nadie es un secreto que cada vez más los cargos exigen más interacción con más personas; y si en 1970 se hablaba de ello, con mucha más razón debe hacerse hoy”. Nótese cómo al final de este argumento se infiere de una información ya dada (el estudio de la década del setenta) conclusiones para un tiempo actual. En ello consiste la analogía o silogismo.

Luego de expuesta la tesis y los argumentos, viene la conclusión o cierre. Ahora de lo que se trata es de reafirmar o refutar, bien la tesis completa, o una parte de ella. La conclusión no es otra cosa que la misma tesis, pero esta vez a manera de síntesis, pues debe recoger lo grueso de cada argumento. Es el momento del balance, y por eso también debe indicar qué nuevas perspectivas temáticas, investigativas, o de discusión, deberían seguirse: “Dadas las condiciones de la psicoterapia actual, conviene reconsiderar especialmente el tema del apego, pues dado que éste es uno de los motivos de consulta más frecuentes, el psicólogo habrá de estar preparado para comprender cómo su paciente ha organizado sus relaciones afectivas y qué papel juega el apego en ellas. En ese sentido, las ideas expuestas por Riso en Amar y Depender son coherentes con las actuales perspectivas de la psicología cognitiva”.

Con estas referencias no pretende agotarse el tema, sino dar pautas para comprender qué es un ensayo; y está claro que éste no es otra cosa que un intento. Pero lo más importante del intento está en el desarrollo, en la manera como se va organizando la información para cumplir con un propósito. Y si esto es así es porque en la academia lo que se busca es que el estudiante consolide sus procesos de construcción de pensamiento; la escritura es uno de los mejores indicadores de cómo está pensando una persona. Al decir de Pascal, “A ideas claras, escritura clara”. Cuando se olvida esto, los estudiantes tienden a negar la nota (generalmente baja) del profesor a su ensayo, diciendo que sacaron mala nota pues no pensaron igual que el docente. De otra parte, los profesores suelen hacer énfasis en la información traída por el estudiante en su ensayo, más que en la forma como ésta fue utilizada en la construcción de argumentos.

Por eso es recomendable una serie de pautas para la “didaxis del ensayo” en el aula de clase. Lo mejor es no poner la totalidad del trabajo para una fecha, sino adjudicar plazos para entregas parciales; en una la elección del tema, en otra la búsqueda de información complementaria, en otra las propuestas de tesis, en otras la elección de argumentos, luego una versión preliminar, y luego una versión definitiva. En este proceso se aprende mucho más. Otra recomendación es estimular la interlecutra e intercorrección entre estudiantes y profesor. Estrategias como la lectura en voz alta son excelentes para que el estudiante cobre consciencia sobre su propio proceso. También ayuda que los indicadores de evaluación del texto estén disponibles con anterioridad, pues así el estudiante sabe qué será lo evaluado. Finalmente, es indispensable decir que los textos del profesor se pueden constituir en guía y estímulo para los estudiantes, pues estos al ver al docente inquieto, consultando, revisando, ampliando, su propio texto, tendrán más pistas para entender que la escritura es un proceso valioso, no tanto por los resultados, sino porque cuestiona la certeza: mientras que hablando nos mostramos muy seguro de lo que decimos, al momento de escribirlo sentimos que nos falta más información o simplemente más seguridad para decirlo.



Octubre de 2007