
¿Rápido hacia dónde?: sinopsis de una historia ligera.
Más que un comentario sobre la película quisiera hacer una pequeña reflexión sobre uno de los aspectos en que ésta falla seriamente: después de alcanzar los máximos niveles de velocidad, es decir, la posibilidad de teletransportarse, vale soltar la pregunta de para qué tanta velocidad.
Las películas en las que un héroe acrobático salva al mundo hacen parte del inicio de la historia del cine. Desde entonces, las peripecias de Chaplin, Keaton, y los protagonistas del primer período del Western, fascinaron a la humanidad con esa forma de evadir los peligros a través de su cuerpo. En ello, hay una razón básica: el cine nos había permitido capturar el movimiento mientras se producía. De ahí que las secuencias de persecución fueran tan famosas, pero también tan necesarias: encantados con la captura del movimiento, los primeros hombres de cine buscaron llevarlo al extremo. Desde entonces, la velocidad encantó a los realizadores, y casi se convirtió en sinónimo (sino génesis) del género "Acción".
En cualquier caso, en el mismo Keaton, uno entiende la necesidad del movimiento. Subrayo la palabra "necesidad": el argumento de muchas de estos filmes era claro en mostrar que urgía moverse. Nos acostumbramos a ver la cuenta regresiva del reloj que indicaba el límite temporal después del que ya no sería necesaria la acción del héroe. Nos acostumbramos (y pienso que era una costumbre que mantenía la honestidad entre el director y el espectador) a sentir que el esfuerzo del héroe "valía la pena". En otras palabras, había argumento, historia; una historia-marco (frame-story) que le permitía al espectador encontrar un maco de referencia que le otorgaba peso a las acciones del protagonista.
Un ejemplo: en "La ley de la hospitalidad" (Our Hospitality), de 1923, Keaton protagoniza toda una historia en la que no puede salir de la casa en la que se encuentra hospedado porque fuera de ella sus anfitriones sí lo pueden asesinar.
Las películas en las que un héroe acrobático salva al mundo hacen parte del inicio de la historia del cine. Desde entonces, las peripecias de Chaplin, Keaton, y los protagonistas del primer período del Western, fascinaron a la humanidad con esa forma de evadir los peligros a través de su cuerpo. En ello, hay una razón básica: el cine nos había permitido capturar el movimiento mientras se producía. De ahí que las secuencias de persecución fueran tan famosas, pero también tan necesarias: encantados con la captura del movimiento, los primeros hombres de cine buscaron llevarlo al extremo. Desde entonces, la velocidad encantó a los realizadores, y casi se convirtió en sinónimo (sino génesis) del género "Acción".
En cualquier caso, en el mismo Keaton, uno entiende la necesidad del movimiento. Subrayo la palabra "necesidad": el argumento de muchas de estos filmes era claro en mostrar que urgía moverse. Nos acostumbramos a ver la cuenta regresiva del reloj que indicaba el límite temporal después del que ya no sería necesaria la acción del héroe. Nos acostumbramos (y pienso que era una costumbre que mantenía la honestidad entre el director y el espectador) a sentir que el esfuerzo del héroe "valía la pena". En otras palabras, había argumento, historia; una historia-marco (frame-story) que le permitía al espectador encontrar un maco de referencia que le otorgaba peso a las acciones del protagonista.
Un ejemplo: en "La ley de la hospitalidad" (Our Hospitality), de 1923, Keaton protagoniza toda una historia en la que no puede salir de la casa en la que se encuentra hospedado porque fuera de ella sus anfitriones sí lo pueden asesinar.
En Jumper existe una paradoja: la máxima velocidad no sirve para resolver nada, el argumento en el cual se basa la historia es tan flojo que la película se ve en la necesidad de cambiar al extremo de lugares para lograr un mínimo atractivo.
Frente a esta película uno sólo alcanza a preguntarse para dónde va todo.
(publicado en filaffinity.com)
